Secretos en la decoración de locales en Buenos Aires

Uno de los secretos más repetidos del universo del marketing consiste en lograr destacarse del resto de nuestros competidores, algo que dentro de los shoppings se vuelve algo realmente imprescindible para atraer la atención de potenciales clientes.

En este sentido, el diseño de locales comerciales en Buenos Aires no tiene nada que envidiarle al del resto del mundo; por experiencia y sobre todo por la compleja cultura comercial que posee su gente.

La clave del negocio está en tener una identidad propia, en diferenciarse, es decir, que nuestro local sea distinto del que está al lado y único con relación a la competencia. Esto no significa que haya que admitir la extravagancia y la falta de estilo. La idea es ser diferentes, sí, pero en un parámetro superior.

La ambientación de interiores no solo debe ser única sino que necesita destacar claramente los atributos de los productos o servicios que estamos ofreciendo. De ahí la enorme relevancia que adquiere el diseño en todas sus facetas. Es él quien permite que el comerciante puede atraer a un tipo de público específico, con necesidades que no siempre son las mismas que las del que recorre la vía pública, más habituado a comparar precios antes de realizar una compra.

Pero el éxito del diseño no acaba cuando el cliente ingresa al local. Con eso solo cubrimos la mitad del desafío. Una vez dentro, todo debe estar minuciosamente organizado para estimular al cliente a que efectúe la compra.

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Con estos datos creo que nadie se atrevería a limitar el diseño de su negocio a cuestiones meramente operativas. Incluso el diseño más minimalista exige un enorme grado de complejidad. De hecho, día a día se avanzan en novedosos sistemas de arquitectura publicitaria, pensados para que la exhibición de los servicios o productos cautive al público pero también lo incite a concretar una compra. Para ello se combina el diseño de interiores, vidrieras, góndolas, stands y todo lo que tenga que ver con subrayar una imagen, un concepto, de cara al público y al resto de los competidores.

Recordemos que la cultura del comprador ya no es tan inocente como en otras épocas. No es que el diseño hipnotice al cliente, obligándolo a entrar en una especie de trance de consumo; sino más bien le otorga al lugar un clima de prestigio, de valor agregado, cualidades que son muy valoradas a la hora de hacer una compra.

Uno de los lugares comunes del marketing sostiene que algunos productos se venden solos, y eso es cierto, al menos en parte. Actualmente se considera que todo lo que gravita sobre los productos puede influir sobre la decisión de comprar o seguir buscando en otra parte. Es por eso que dejar el diseño de góndolas para shoppings, por ejemplo, o de los locales propiamente dichos, en manos de profesionales de dudosa trayectoria puede transformar el mejor de los emprendimientos en un fracaso de proporciones épicas.

Solo con la ayuda y el asesoramiento de profesionales se puede competir en un ambiente tan feroz como los centros comerciales.

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